Columnas

El buen comer
04.09.2019
Corro, corro, corro y no dejo de correr
Por: Carlos González
04.09.2019
Corro, corro, corro y no dejo de correr

Corro, corro y no dejo de correr. Ya no sé si lo hago por desesperación o placer, también está la ligera, pero importante, posibilidad de caer en este ciclo solo por curiosidad, pero… No sé cuánto tiempo más podré darme el lujo de hacerlo, de llegar y no saberme ni reconocer después de tantas vueltas hechas en esquinas de calles desconocidas y solo me llevaron a lugares donde lo vi todo menos a mí mismo.

 

VÍA: STOCKSNAP

 

Recuerdo la calle donde todo me era tan familiar, sentía que pertenecía al polvo, los recuerdos, sonidos y hasta el clima habitaban en mi de una forma tan real como mi memoria puede crear, no creo volver, no creo sentirlas mías otra vez, no creo encontrarme ahí.

Un momento antes de que todo fuese diferente y aún me sentía acogido por los recuerdos de mi calle, estaba caminando como lo hacía de manera habitual, sintiendo el calor del día sobre mi piel, esto solo me recordaba lo bien que se siente estar vivo mientras el viento se escabullía entre mi cabello y me despeinaba, recordándome lo libre que soy. Todo esto se detuvo al observar aquella esquina, nunca la había visto antes a pesar de haber recorrido cientos de veces la calle y creer conocerla por completo, observe aquel ángulo de 90° y fue como si cada palpitar, cada bocanada de aire que ingresaba en mis pulmones y cada parpadeo disminuyeran su habitual ritmo, todo se tornó lento, pesado y parecía estar congelado en ese instante.

 

VÍA: STOCKSNAP

 

Al estar de pie contemplando la esquina desconocida por un momento lo olvidé todo, cada color, cada árbol y todo cada vez se sentía más como a nada, solo sentí la curiosidad de saber qué se encontraba al dar la vuelta; empecé a caminar y conforme me acercaba a dar la vuelta el calor empezaba a transformarse en frío, alcé la cabeza para ver el cielo y no era azul ya, y mientras sostenía la mirada hacia arriba sentí como cayó una lágrima sobre mi frente, cayó otra más, después una y otra y otra hasta darme cuenta de que ya no eran las lágrimas del cielo, sino mías, en ese momento no me di cuenta al estar totalmente poseído por la curiosidad de ver del otro lado de la esquina.

Di vuelta y no creo haber lamentado algo tanto antes en mi vida, todo se desvaneció, mis recuerdos, caminos y pensamientos no estaban más y lo único corporalmente posible para mí fue correr desesperado ante el sentir de estar totalmente perdido, similar a la sensación de estar bajo el agua y quedarte sin aire intentando alcanzar la superficie con brazadas y por más esfuerzo parece no ser suficiente, todo por darle placer a la curiosidad y ahora estaba rodeado de calles oscuras, casas sin color y  cristales rotos.

 

VÍA: STOCKSNAP

 

Corro y corro, pero no sé cuánto más resista este ritmo, todo pasa tan rápido pero no puedo detenerme, no me siento tranquilo, no me siento seguro, pero sobretodo me invade el miedo de detenerme y sentir que no pertenezco, a ya no sentir que mi piel hace sintonía con el clima del día o en lugar de sentir libertad cuando el viento despeina mi cabello ahora solo sienta una brisa fría… Fue entonces cuando me detuve, no me importó el lugar donde lo hice, solo cerré los ojos, necesité de toda mi fuerza para hacerlo sin paralizarme por el temor de no saber en dónde estaba, entonces abrí los ojos y empecé a caminar, con calma y observando todo a mi alrededor, cada detalle olvidado, cada sombra y grieta del camino; conforme observaba me fui percatando de algo, todo era en realidad muy similar a mi calle, cada casa era igual solo que éstas sin alma ni color, no era otra ciudad ni lugar sino la misma calle solo que por el miedo y correr y correr jamás me permití analizarlo, este es el lugar en donde todos mis miedos y tristezas siempre han estado solo que nunca me había dado la oportunidad de conocer el lugar donde residen y forman parte de mí.

 

VÍA: STOCKSNAP

 

Una vez consciente de esto alzo la mirada y veo nuevamente una esquina, siendo sinceros el temor estuvo cerca de inmovilizarme, pero no lo permití, nunca dejaré de descubrir esas partes de mí ser por miedo, así que decidí dirigirme hacia allí. Para mi sorpresa regresé a mi calle, donde pertenecía, pero a pesar de esto no todo era igual, sino mejor, ahora cada detalle ha cobrado sentido y mayor importancia, ahora entiendo porque aquí no hay vidrios rotos u hogares sin vida, todo lleva un orden y para que exista el día debe existir la noche también, es un equilibrio al que todos tememos pero a la vez deseamos, nos sentimos perdidos sin una parte de la balanza y ante el pánico no sabemos qué hacer, entonces corremos y corremos y así se nos puede ir la vida, corriendo sin detenerse a observar que hay belleza en cada esquina de nuestras vidas, todo recae en que no corras y corras, sino veas y comprendas que en donde estés algo puedes aprender y que posiblemente quede impregnado en la construcción de tu montaña de recuerdos que al final de todo será todo lo que te quede, así que no corras y corras, mejor camina con calma y en cada esquina verás un pedazo de ti.