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06.08.2019
1000 dientes de león
Por: Carlos Gónzalez
06.08.2019
1000 dientes de león

 

Reservé una mesa para dos y pedí cuerdas para escucharla junto a tu voz. En este lugar no habrá nadie más que tu silla y la mía llenas de historias por contar, solo que tendremos que ser selectivos, porque esta cena no puede durar tanto como lo ha hecho tu falta, así que intentaré ser preciso y mostrarte con palabras y alguna fotografía qué ha pasado desde aquel septiembre de 2011.

 

FOTO: STOCK SNAP

 

Sentí luz y sin verte aún supe que habías llegado, llevabas tu cabello corto y castaño, lo primero que hiciste fue verme con cariño y podría jurar que sentí la sabiduría de tu amor en mi frente. Vimos el menú y como siempre hiciste con toda persona a tu al rededor, le sacaste una sonrisa al camarero y lo hiciste vibrar de gusto, lo vi en su mirada y en la tuya vi cuánto disfrutaste de ello.

 

Ordenamos y sabía que debía aprovechar cada respiro. Te hablé de Francia y de cómo a pesar de mis intentos, me fue imposible traer conmigo a casa ese queso y al viejecillo francés guapo para ti como me lo pediste aquella tarde de julio, ambos sabemos la razón. Te conté sobre cada tren, vuelo, país y persona que a través de mi, conoció un poco de ti, sobre todo una noche fría de diciembre en una casa rodeado de personas que no sabían nada de ti, les regalé un poco de tu recuerdo y me ayudaron a hornear esos polvorones de nuez que juntos hacíamos cada navidad.

 

Me salté un par de años para contarte acerca de quién realmente soy y por mucho tiempo quise convencerme a mi y a todos los que me rodeaban de que aquello no podía ser. Me costó mucho pero con el pasar del tiempo he aprendido que no solamente está bien, sino que me llena de orgullo, y mientras te cuento todo esto con miedo a tu reacción, sentí como tu paz tomó con fuerza mis manos y no fue necesario decir más, supe que para ti aquello no tenía mayor importancia, en ese momento me liberé, y ese sentimiento, aunque no haya pasado en realidad esto, es como sé que lo hubiese sentido si aún siguieras cantando con Shakira “Y un día después de la tormenta, cuando menos piensas sale el sol” a todo pulmón junto conmigo en el auto.

 

FOTO: STOCK SNAP

 

Hay recuerdos que daría todo por no tener que contártelos así como hoy, historias de corazones solos, sueños cumplidos, huesos rotos y aprendizajes infinitos me acompañan junto contigo de manera intangible, llevaba ya 1000 dientes de león soplados cuando perdí la cuenta hasta que por fin volviste a mi en esta cena, soplaría diez mil más si con ello estaría garantizado que no tengo que despedirme de ti otra vez, pero sé que no es así, por lo que por ahora me tengo que conformar con este momento donde pudimos volver a estar, aún no termino de contártelo todo, prefiero reservarme un par de anécdotas, en caso de que cuando vuelva a buscar más dientes de León para pedirles te traigan a mi, quizá uno entre mil me cumplan el deseo y podamos seguir esta cena.

 

FOTO: STOCK SNAP

 

Procuro recordar nuestra despedida, porque aún con tu suave, agotado y derrotado cuerpo, me abrazaste con fuerza como si aún fuesen los cincuentas, pero mucho tiempo ha pasado ya desde aquellos días donde a pesar de todo, silbabas y bailabas al ritmo de cualquier compás que sonara a tu al rededor, y de ti aprendí a ir moviendo las caderas por la vida, tarareando como si conociera todas las canciones del mundo y debo confesar que me posee la envidia cada que miro hacia arriba y veo a las nubes en su dicha de poder bailar contigo.

 

No pasa un año desde 2011 donde cada diciembre no haya horneado polvorones de nuez como me enseñaste a hacerlos, los hago pensando que regalándolos a amigos, amados y extraños tu legado de felicidad y ternura seguirá latente

 

FOTO: STOCK SNAP

 

Para ti abuelita Chela, donde quiera que estés sé que sigues bailando y tarareando, llena de dicha, sabia y pequeñita.