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07.02.2019
Café con letras
La mamá que quiero ser
07.02.2019
Chely Aguilera
Por: Chely Aguilera
chelyly@hotmail.com
Café con letras

POR: ARACELY AGUILERA
FOTOS: ISTOCK

Estoy muy lejos de convertirme en la mamá que quiero ser. No puedo dejar de cuestionarme cosas todo el tiempo y aunque  trato de ser la mejor mamá, en ocasiones sé que cometo muchos errores. De pronto acabo de decir una frase y pienso “upsss, creo que esto ya estaba de más”… Es un problema no pensar todo lo que se dice y mi boca o mis palabras, salen derechas como flechas y muchas veces doy en el blanco, para bien o para mal. Desde niña fui consciente que no podría defenderme ni con golpes ni con gritos pero sí con palabras y tienen tanto poder que me han permitido darme paso por la vida. Las palabras pueden construir o destruir, solo es darle la intención correcta. 

He vuelto a pasar por la guardería, el kínder, la primaria y ahora secundaria, ya no como estudiante sino como mamá, me he dado cuenta que uno tiene la oportunidad de verse en un espejo, es decir, te vuelves a ver a ti como niña o repasas de esa etapa cosas que habías olvidado, que no creías que eran tan importantes pero ser mamá te da esa segunda chance, también, de reinventarte. 

Siempre he pensado que tener hijos te convierte en una mejor persona, en el sentido de esa generosidad y amor incondicional que uno entiende muchos años después cuando tus papás te repetían una y otra vez: “Ya tendrás a tus hijos” pero esto, por más que te lo repitan, no lo entenderás hasta que lo vivas.

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Es verdad que uno da sin esperar pero también quieres encontrar esa justa medida de tampoco dar de más para malcriar, en el sentido de enseñarlos a valorar y ser agradecidos, de pronto sabes que habrá etapas que te van a odiar pero aunque se oiga “muy de doña” sí es por su bien porque la vida, allá afuera, no estará esperándolos para darles todo.

Como ocurre con las películas, también hay mucho trabajo “tras bambalinas” que es tedioso para seguir con esta “obra maestra” de ser padre, como todo aquello que no se ve y que de verdad da flojera, un ejemplo de eso son las juntas escolares que a nadie creo que le den gusto pero que son necesarios; están por ejemplo los grupos de whatsapp donde acabas perdiendo personalidad porque ya eres “la mamá de” y muchas veces no recuerdan ni tu nombre.

Las que son mamás no me dejarán mentir y llega un punto en que tu vida social gira alrededor de tus hijos o de plano son tantos sus compromisos que para los tuyos ya estás tan cansada y decides dejarlos de lado. No es que decidas ya no ir sino que de pronto es la posada de la escuela, la posada del karate, el cumpleaños de su amiguita, el entrenamiento de básquet, el trabajo de Geografía en casa del compañero, etc, total que para el café de tus amigas ya no tienes la energía suficiente. Claro que hay que darse tiempo para todo pero como también “ruleteas” literal por toda la ciudad llega en un punto en que tu meta en la vida solo es llegar a tu casa. He tenido también la oportunidad de conocer a mamás que admiro y tengo buenas amigas con las que disfruto mucho platicar porque al final acabas teniendo empatía, los hijos atraviesan por las mismas etapas y en ellas puedes encontrar un “oasis” para hablar sobre un problema o pedir un consejo. Somos al final una red de ayuda.

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Cuando hace años me visualicé como mamá, siempre imaginé mi casa llena de amigos de mis hijos. Me hacía tanta ilusión verlos crecer e ir conociendo a sus amigos porque es en las primeras etapas de la vida donde la amistad es sincera, sin pretensiones ni poses. Con el trabajo, las distancias y los compromisos de esta vida adulta, apenas lo voy logrando. 

Tener hijos también es viajar en el tiempo. Tienes la oportunidad de verte en ellos nuevamente y tal vez, de hacer las cosas mejor o por lo menos diferente a lo que tú hubieras querido o sientes que te faltó, pero sin duda uno como mamá o papá hace lo mejor que puede con lo que tiene, creo que a los hijos se les olvida que no tenemos la vida resuelta, libras la etapa de niño y adolescente, incluso la de universitario, pensando que ya la hiciste pero no, siempre quedan “pendientes” de alguna situación no superada de la infancia y que cambió tu personalidad; sentimientos no resueltos en tu adolescencia y que tal vez arrastraste hasta que eres adulto. Lo que sí está en nosotros es la determinación de mejorar por el bien de todos en una casa porque alguna vez alguien me dijo sabiamente: “Si una mamá está feliz en casa, todos lo estarán”.

Ahora entiendo que sin autoestima no puedes dar el 100% como mamá, que es necesario que sueñes para que tus hijos lo hagan, que eres un ejemplo y que el ejemplo arrastra de tal forma que debes cuidar tus pasos. El equilibrio debe estar en ti para soltarlos cuando sea necesario y también de estar cuando ellos te necesitan.

Ser mamá es el mejor aprendizaje sin duda, es la profesión más maravillosa y completa, siempre me vi como mamá y agradezco a la vida haberlo hecho en mis veintitantos (créanme que la energía es necesaria)  era una imagen recurrente cuando era niña y aunque no soy perfecta, cada día despierto con la misión de ser mejor, de ver entre líneas y detalles qué quieren decirme; de entender otra vez cuando era “puberta” y todo me molestaba; de saber que sea “rebeldía” será normal y que pasará; que amen estar en casa tanto como lo hago yo, que sepan que su casa es ese lugar seguro en el mundo donde siempre estarán a salvo.

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