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En la mira de Fernando, Ricardo y José

Tres universos visuales

En la mira de Fernando, Ricardo y José

27.02.2017

Nada es coincidencia. Ricardo Guzmán, Fernando Sandoval y José Hernández Claire son tres tapatíos dedicados a las artes visuales, han coincido en trabajo y también son amigos, compartiendo también algunos proyectos. Los eventos previos a los 100 años de El Informador los volvieron a unir para ser jurado del Concurso Fotográfico, cada uno con su propio estilo, encontraron los elementos para seleccionar a 13 por cada categoría: Rostro y Rincones Tapatíos, eligiendo tres ganadores de cada una. Su experiencia fue la mejor y nos platican un poco de su vida, su trabajo y lo que vendrá.

 

Los conceptos de Ricardo Guzmán 

Inició su carrera como fotógrafo de prensa durante varios años y después se integró a la Universidad d Guadalajara, para Cultura UdeG, eso lo llevó a ser director de Casa Escorza y de ahí a dirigir Casa Vallarta, para posteriormente hacerse cargo de artes visuales de UdeG; produjo algunas exhibiciones para el Museo de las Artes, otras mas en Los Angeles y Texas con la misma universidad. 

Él se encargaba de mostrar el trabajo de otros, pero nunca dejó de ser artista y de producir sus obras, pero llegó el momento que tuvo que suspender la gestión para dedicarse de lleno a sus propios proyectos.  

Siempre le gusto estudiar. Primero Cine en Guadalajara, siguió con Fotografía en Artes Plásticas y complementó con una residencia en Nueva York, otra en CDMX y tuvo la oportunidad de estudiar Historia en Cuba. Ha exhibido su obra en Madrid, donde la Fundación de Cine y Arte seleccionó a mas de 40 fotógrafos mexicanos y curiosamente fue el único tapatío, y de estos trabajos se hizo un libro. 

La impresión que tiene actualmente es que se produce mucha foto muy fácilmente, él por ejemplo, hablando de su proceso creativo, nos dice que primero escribe, dibuja y al final agarra la cámara para terminar esa idea. 

Además de la fotografía le gusta mucho escribir, ríe al decir que es como “escritor de closet”; anteriormente hacía cuentos, tenía un blog y hacía una serie de cartas anónimas, que todo esto al final se sirve para poder proyectar sus ideas en una imagen. 

 

La evolución de Fernando Sandoval 

“Me siento como en casa”, nos dice el pintor Fernando Sandoval al unirse a los festejos de los 100 años de El Informador. La entrevista y fotografías de esta sesión fueron en su estudio, ubicado en un cuarto piso de la calle Pedro Moreno, donde lleva a cabos todas sus ideas, así que nos metimos no solo en su estudio sino también en su cabeza, en el orden de su proceso e ideas. 

“Toda mi carrera, desde que empecé las primeras subastas, exposiciones, mi primer catálogo fue en Ágata, me siento de casa y parte de la colección de los 100 años del periódico, en el momento que me invitaron, fue un honor ser considerado tanto en la exposición como para ser jurado en el concurso fotográfico”. 

Sobre la exposición nos cuenta que será una curaduría de obra de caballos, en la que participa con dos o tres piezas, una será una pieza escultórica y un par de cuadros. Le sorprendió la invitación al concurso porque finamente no es fotógrafo pero sí es parte de su trabajo, “aunque no exponga foto de una manera profesional, la mirada, la visión está ahí, creo que los tres jueces compartimos eso: tres universos estéticos definidos”. 

Con 21 años de carrera ininterrumpidos, Fernando Sandoval recuerda que su primera exposición fue en 1996 y nunca dudó en seguir, aunque sí ha habido momentos complicados, “la situación económica me pudo haber orillado a otro trabajo, pero nunca como para cambiar”. 

Ahora vive sus logros, se siente afortunado, agradecido y sí reconoce que es “profeta en su tierra”. 

Además de los caballos, ¿qué otro tema habla de Fernando Sandoval?

“En este momento los paisajes, desde urbano, los árboles, la naturaleza, yo realmente pinto lo que vivo, día a día, no estoy sacando temas, no es tan pensado. Estos últimos años he estado yendo a correr diariamente al parque metropolitano, los árboles, mi casa está llena de plantas, lo que veo es lo que pinto, en otros momentos de mi carrera pinté muchísimos retratos, niños, señoras, familias enteras, entonces era otra motivación, van cambiando. 

Voy evolucionando y pintado lo que me motiva todos los días. Lo que me gusta, lo que vivo, lo que vibro y que para mí dice algo y eso va formando mi discurso visual. De alguna manea siento que es muy honesto. Por eso mi obra es tan diversa y mi último libro se llama Multiplicidad, ves un abstracto, un desnudo, un dibujo en cartoncillo, una fotografía, una escultura con popotes de plástico, mi trabajo es difícil de encasillar o categorizar por lo diverso y porque soy producto del momento”. 

 

¿Qué te falta hacer?

“Hay mucho por hacer pero siento que estoy en el camino adecuado, yo siempre tuve una dicotomía, me dedico a la música o a las artes visuales, entones tuve que tomar las artes visuales pero la música siempre ha estado presente desde niño. Mi papa siempre tuvo instrumentos en casa y yo los agarraba para jugar. Ya después no me pude dedicar tanto pero hace como cuatro años empecé con The Broken Flowers Project, estoy asociado con César Gudiño, integrante de Sussie 4; finalmente después de tantos años pude dedicarme profesionalmente a la música, estoy proyectando el segundo disco, actualmente llevamos cinco videos”. 

 

 

 

José Hernández Claire y su pasión 

La fotografía es su espejo personal donde puede reflejar lo que mas le interesa: la condición social y humana. Es su forma de vida, su compañera y por eso siempre la trae consigo, robando instantes de la realidad. El documental se convirtió en su género favorito dentro del periodismo, que se le dio de manera natural. José Hernández Claire es de pocas palabras pero si se trata de hablar de fotografía, sonríe, porque detrás de esa personalidad seria y observadora, hay un amante de la imagen, quien además comparte sus conocimientos como docente en el CUAAD. 

Platícanos un poco de tu carrera:

“Soy egresado de la facultad de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara, fue una época dorada de la arquitectura. Tenía muchos maestros mexicanos que fueron inspiradores para guiarnos. Al terminar la carrera solicité una beca para ir a estudiar una maestría en Diseño Urbano en el Pratt Institute de Nueva York, al llegar compré una cámara, yo nunca había tenido una cámara profesional, nunca había tomados fotos y me metí a un curso. Con uno de mis maestros neoyorkinos tomé rebelado e impresión y me pareció mágico, me sigue pareciendo mágico. Nueva York fue un parte aguas en mi vida, porque después trabajé en el departamento de Planeación de Manhattan y lo hice durante tres años. Esto me permitió meterme de lleno a la fotografía sobre todo la gente, el enfoque sobre la condición social y humana, tuve además mi primera exposición antes de venirme a México. 

 

¿Qué sucedió a tu regreso?

“Vuelvo a México y trabajo un tiempo en el departamento de Planeación de la Universidad de Guadalajara, pero además comencé a hacer un proyecto fotográfico sobre los ciegos en México y tuvo una repercusión importante, gané dos premios, uno en la Universidad de Ginebra y otro en NY, fue un gran estímulo para saber qué estaba haciendo, me enriquecía mucho. Pero me siguen interesando muchos temas y he retratado de todo: el campo mexicano, los niños de la calle, gente que vive en la basura, la migración”. 

 

¿Algún suceso marcó tu carrera?

“Sí, las explosiones del 22 de abril del 92, fue muy duro. Inicié como primer editor de fotografía del diario Siglo XXI y nos tocó salir a cubrir la tragedia. Yo me fui en una motocicleta de los repartidores y recorrimos toda la zona. Fue muy impactante porque en ese momento no sabíamos si ayudar o tomar las fotos. Con los ojos empañados viendo la tragedia, siendo testigos, parecía un campo de guerra. Para los que estábamos en el periódico fue lo primero de esa índole, estaba recién nacido el periódico, tenía menos de seis meses. Durante ese reportaje que hicimos, a mí me tocó tomar el rescate de una embarazada y su hijito que son trasladados por muchas manos sobre una puerta y al fondo se ve la destrucción de la vivienda, la titulé Las manos amigas. Con esa foto obtuve el Premio Internacional de Periodismo Rey de España, en el 92, me tocó ser el primer mexicano en ganarlo en fotografía. Ya lo había ganado antes, con el terremoto del 85, Jacobo Zabludowski, por su cobertura en radio, pero en México nadie más lo había ganado”.

 

Con 38 años en la fotografía, ¿cuál crees que sea la clave para dedicarse a ella?

“La pasión. Eso conduce a la constancia y al compromiso. En este caso es el compromiso social con el entorno y es la forma de contribuir. Lo mas importante es el interés, compromiso social, personal y encima de todo pasión”. 

 

No te pierdas la exposición del Concurso Fotográfico el 26 de febrero a las 12:00 p.m. en Chapultepec y Mexicaltzingo